La salamandra: ¿Una criatura fantástica?

Descubre cómo la salamandra pasó de ser un anfibio real a una criatura fantástica asociada al fuego, el veneno y la alquimia, a través de textos clásicos y medievales.

PALABRAS CON HISTORIA

3/1/20269 min read

salamandra animal anfibio
salamandra animal anfibio

La salamandra: ¿Una criatura fantástica?

La palabra salamandra procede del latín salamandra, que a su vez es préstamo directo del griego σαλαμάνδρα, nombre con el que ya en la Antigüedad se designaba al animal real. Tanto en griego como en latín el término mantuvo siempre este significado zoológico, aunque desde muy temprano se le atribuyeron propiedades fantásticas que influyeron en su recepción medieval. Algunas de estas características fantásticas son:

  • poder apagar el fuego con su cuerpo,

  • resistir las llamas e incluso vivir en ellas,

  • poseer un veneno mortal para los seres humanos.

En estas creencias encontramos el germen de la evolución simbólica posterior.

Pocas palabras han generado un imaginario tan rico como “salamandra”. En este artículo haremos un recorrido por la historia cultural de la palabra y explicaremos el fascinante viaje de una criatura envuelta en mitos, leyendas y símbolos, desde los bestiarios medievales hasta la alquimia.

Origen histórico y simbólico de “salamandra”

La salamandra en la Historia

Antigüedad clásica

Al animal real se le atribuyen una serie de caracterı́sticas fantásticas ya desde la época de Aristóteles, quien menciona que apaga el fuego si pasa sobre él, que contribuirán a la creación de un sucedáneo fantástico o mitológico que aparecerá en el folclore popular y en los bestiarios de la Edad Media.

Otros autores irán añadiendo caracterı́sticas fantásticas a esta percepción de la salamandra. Por ejemplo, Claudio Eliano en su Historia de los animales comenta que viven en las fraguas, correteando entre las llamas, e incluso que debilitan el fuego de las fraguas hasta que los artesanos le dan caza.

También desde época temprana se hizo referencia a su peligrosidad, dado que se la consideraba altamente venenosa e incluso mortal. Por ejemplo, Nicandro de Colofón, un autor del siglo II a.C, menciona los efectos de un brebaje de salamandra: inflamación de la lengua, de las articulaciones, temblores…, y advierte de la peligrosidad de la mordedura de este animal.

Plinio el Viejo también comenta sobre las propiedades de la salamandra y, aunque se muestra bastante escéptico con que pueda sobrevivir al fuego, sı́ le confiere unas propiedades venenosas importantes, comentando, por ejemplo, que es capaz de envenenar alimentos con el mero contacto de su piel.

En definitiva, es bastante probable que la salamandra, que vivı́a en el fuego y era ligeramente venenosa, como sabemos hoy, estuviese asociada a la magia desde la Antigüedad, y fuera utilizada en hechizos y pociones.

 Ilustración de salamandra cruzando fuego en el bestiario de Guillaume le Clerc, BnF fr. 14964
 Ilustración de salamandra cruzando fuego en el bestiario de Guillaume le Clerc, BnF fr. 14964

Edad Media

En la Edad Media estas propiedades se mantendrán e incluso se irán acentuando, como vemos en la descripción sobre la salamandra que aparece en el Physiologus, obra a la que seguirán los bestiarios medievales, y en otros autores importantes como Isidoro de Sevilla, que, siguiendo a Plinio, también hace hincapié en el veneno de la salamandra.

Resulta muy interesante la descripción hecha por Odón de Cheriton (siglos XII-XIII) en sus Parabolae, donde aparece la salamandra como espíritu maligno que vive en el fuego y se alimenta de él.

Salamandra vivens in igne, est spiritus malignus, quia in malo igne positus est et nutritus.

Los primeros testimonios en castellano datan de c. 1275 y aparecen en la enciclopédica General Estoria de Alfonso X. Todos los ejemplos hacen referencia al animal siguiendo las descripciones que aparecen desde la Antigüedad: que vive en el fuego, que incluso lo puede apagar con el frı́o de su cuerpo y que es venenoso.

Un testimonio muy interesante aparece en la Estoria de Gerusalen abreviada, una traducción en castellano de la Historia Orientalis escrita en latı́n por el canónigo francés Jacques de Vitry (siglos XII-XIII). En este texto se confunde a la salamandra con otros animales, en concreto con el stellio o estelión, e incluso con el camaleón, algo que ya ocurrı́a en algunos otros textos medievales, sobre todo en bestiarios. Además, el autor hace una descripción física de la salamandra, y le atribuye unas supuestas lanas que cubren su cuerpo, algo que también describen otros autores. Veamos el texto:

Salamandra en griego, es dicha en latin stelio, & otrosi la llaman cameleon; & tiene quatro pies & tiene el rostro de lagarta & la cola luenga & retuerta & las hunnas de sotil ayuntamiento armadas & el cuerpo aspero & el cuero como la cocatriz & lieva del cuero asi como lana […]

La gran confusión

En el Libro de Marco Polo tenemos la clave que nos puede ayudar a entender qué estaba pasando en las creencias populares con el tema de la salamandra. Pero primero vamos a comentar el testimonio de Plinio el Viejo, que habla de que en sus tiempos ya se fabricaban unas telas especiales, hechas de lo que él llama ‘lino vivo’, al que los griegos llaman asbéstinon línon, precisamente por sus propiedades, y que eran ignífugas, e incluso se decía que después de echarlas al fuego salı́an más limpias y blancas. Por estas características tan fascinantes, estas telas se utilizaban, según nos cuenta, para hacer los sudarios de los monarcas porque, al no quemarse, permitían mantener separadas sus cenizas de las cenizas de la pira.

Ahora vamos con el Libro de Marco Polo, que nos está describiendo un lugar en el que...

[...] ay muchas cibdades e villas. Item ay en ella tres linajes de gentes. Es a saber, idólatras, christianos nestorianos y jacobitas, y los otros siguen la seta de Mahomad. Al cabo desta provincia fazia Setentrión ay un gran monte en el qual no ay bestia ni serpiente, y de aquı́ se saca la que allá dizen salamandra, que son ilos de que hazen manteles; y sácase en esta manera: cávase fuertemente una cierta vena que allı́ se halla e después májanla muy bien en un mortero de açófar y después lávanla y quedan della unos ilos delgados y fermosos y limpios, e después que han echado fuera la lavadura ilan estos ilos aunque no son blancos y téxenlos y hazen manteles y texidos, échanlos en el fuego y déxanlos estar un poco y tórnanse tan blancos como nieve. Y el Gran Can cada tres años embı́a por esta lavor que dizen de salamandra. E suele embiar destos manteles para que los pongan ante el sudario de Nuestro Señor Jesuchristo, al qual las gentes de Levante tienen por gran profeta.

Es decir, hay un gran monte en el que se excava una vena de la que se extrae un mineral, que hoy conocemos como asbesto, y que, después de tratarlo, lavarlo e hilarlo, sirve para hacer unas telas que se limpian y purifican echándolas al fuego, para que queden blancas como la nieve. El texto nos dice que en algunos lugares llaman 'salamandra' a esto que se extrae, pero que en ese monte no hay bestia ni serpiente.

El origen de la confusión

Parece que es a partir del siglo XII cuando empieza a confundirse este material incombustible, de origen mineral y cuyas fibras se podı́an hilar, con la salamandra, que, hipotéticamente, es también resistente al fuego, y a la que con bastante frecuencia se atribuye pelo. La asociación estaba clara: las telas se hacı́an con piel de salamandra y por eso eran resistentes a las llamas.

Pero... ¿de dónde parte todo este lío? Aunque es difícil situar el origen exacto, según Arthur Rose la confusión se hace definitiva debido a dos obras importantes: la Carta del Preste Juan (ca. 1165) y el Roman d’Alixandre (ca. 1180). A partir de estas dos fuentes proliferará la asociación entre la salamandra y el asbesto en la literatura y en la historia natural.

En este texto la salamandra es una especie de gusano de seda, de cuyo capullo se extraen los hilos para tejer las famosas telas ignífugas. Vemos, por lo tanto, que en el siglo XII parece estar ya bien asentada esta creencia que se critica en el Libro de Marco Polo.

Un testimonio que lo tiene todo...

Como hemos visto, la salamandra ha recorrido un camino sorprendente, en el que cada época y cada testimonio han contribuido a crear la imagen de un animal fantástico, que acabará recibiendo una lectura más profunda y simbólica: la de las salamandras como espíritus del fuego; una visión que cristalizará a partir de la tradición alquímica, y que analizaremos en nuestro próximo artículo.

Terminamos este con un testimonio que habla de serpientes, lagartos, salamandras velludas y velas eternas. Se trata de un fragmento de la traducción al romance hecha por fray Vicente de Burgos del De proprietatibus rerum, obra del erudito escolástico del siglo XIII Bartolomeo Ánglico.

Salamandra como Plinio dize en el libro .x. & capitulo .xlviii. Es semejante en su figura al lagarto & no pareçe jamas si no en las grandes lluvias & en el tiempo claro falleçe. La salamandra es de tanta fuerça que de su tocar mata el fuego asi como el ielo. Ella echa de su boca una saliva blanca que haze caer los pelos de los cuerpos de los hombres que toca & lo que es tocado se corrompe & mudado en turpe & feo color. La salamandra es un linaje de lagartos muy venenoso como dize Plinio en el libro .xix. & capitulo iiii. Ella encona los frutos de los arboles & corrompe las aguas de las quales si alguno come o beve luego muere & aun mas si su saliva es pisada de alguno todo el cuerpo encona & corrompe & aunque ella aya en si tanto venino algunos animales la comen por vianda. Ella bive en medio del fuego & ha tanta virtud que mata el ençendimiento del fuego & ay un linaje de salamandras que han la piel vellosa & pelosa como la piel del vezerro marino del qual hazen algunos & çintos que si son puestos en el fuego no se pueden quemar, mas despues que lo sacan del fuego pareçe que sean purgados & ennonados & aun de aqui se hazen los pavilos que ponen en las lamparas & candelas & jamas no se queman aunque arden, mas siempre quedan enteros o por luengo tiempo de otras propiedades suyas havemos ya tratado en el capitulo de las serpientes que se doblan.

Salamandra atravesando las llamas. BNF FR. 14964, fol. 158v.

Representación de salamandra en el manuscrito medieval Sloane 278 British Library
Representación de salamandra en el manuscrito medieval Sloane 278 British Library
lustración medieval de una salamandra saliendo de un pozo de agua en el Physiologus Bernensis
lustración medieval de una salamandra saliendo de un pozo de agua en el Physiologus Bernensis
Salamandra medieval con forma de perro enel Physiologus griego
Salamandra medieval con forma de perro enel Physiologus griego

Salamandra con forma de perro. Physiologus, Leipzig, Cod. gr. 35, fol. 37r.

Salamandra saliendo de un pozo de agua. Physiologus Bernensis, Bern, Cod. 318, fol. 17v.

Salamandra con rayas. Physiologus, BL Sloane 278, fol. 56r.

Salamandra en pozo de agua en manuscrito de la British Library Royal MS 12 C XIX
Salamandra en pozo de agua en manuscrito de la British Library Royal MS 12 C XIX

El pasaje concreto de la Carta del preste Juan (42) dice lo siguiente:

En otra provincia próxima a la zona tórrida hay unos gusanos que en nuestra lengua llamamos salamandras. Estos gusanos, que sólo pueden vivir en el fuego, se rodean de una suerte de película, como los otros gusanos que hacen seda. Esta pelı́cula es elaborada delicadamente por las dueñas de nuestro palacio, que fabrican con ella trajes y paños para todo lo que precise Nuestra Excelencia. Estos paños sólo podrán lavarse en un fuego que sea muy ardiente. (Martı́n 96)

Salamandra envenenando pozo de agua y frutos. BL Royal MS 12 C XIX, fol. 68v.

Fuentes y referencias

Estas son las fuentes consultadas para elaborar el artículo. Te recomendamos su lectura si quieres profundizar más.

Fuentes

  • Aristóteles. Historia Animalium. Libro V, 552b.

  • Eliano, Claudio. Historia de los animales. Libro II, 31.

  • Nicandro de Colofón. Alexipharmaka, vv. 537 ss. Nicandro de Colofón. Theriaka, vv. 817 ss.

  • Plinio el Viejo. Naturalis Historia. Libro XI, 116; Libro XIX, 4, 19 ss.; Libro XXIX, 23.

  • Marco Polo. Il Milione (Libro de Marco Polo).

  • Martín Lalanda, Javier (ed.). La carta del Preste Juan. Madrid: Ediciones Siruela, 2004.

Libros y artículos

  • Rose, Arthur. “Salamander cotton”. Asbestos. The last modernist object, Edinburgh University Press, 2008.

Páginas web

  • Medieval Bestiary. “Animals in the Middle Ages.” The Medieval Bestiary: Animals in the Middle Ages. Consultado el 12 de marzo de 2026. Disponible en: https://bestiary.ca

Imágenes

  • Burgerbibliothek Bern. Physiologus Bernensis. Cod. 318, fol. 17v.

  • Universitätsbibliothek Leipzig. Physiologus. Cod. gr. 35, fol. 37r.

  • British Library. De avibus / Physiologus. Sloane MS 278, fol. 56r.

  • British Library. Royal MS 12 C XIX, fol. 68v.

  • Bibliothèque Nationale de France. L’Image du Monde / Bestiaire de Guillaume le Clerc. Manuscrit fr. 14964, fol. 158v.